Eugenio Arévalo de Hoces

“Ese día me levanté más temprano de lo habitual. Ya habíamos sido avisados de la presencia de algunas aeronaves enemigas sobrevolando la ciudad. No obstante las autoridades nos informaron de que no había peligro. Ya había dejado a los niños en el colegio y me encontraba de camino a la fábrica cuando, tras tomar el camino de siempre, decidí entretenerme mirando el campo y dejándome acariciar por los rayos del sol.

Sin que yo me lo esperara, un silbido muy agudo rompió el silencio y la paz en la que me encontraba. Sentí miedo y después, nada”.

-Hideaki, 6 de agosto de 1945, Hiroshima (8:14 de la mañana).

La guerra, el entorno perfecto para que el ser humano enseñe su peor y más desagradable faceta. Las guerras siempre han sido despreciables. Líderes mundiales que se conocen y se odian, mandan a luchar, matar y morir a jóvenes que ni se conocen ni se odian. La Segunda Guerra Mundial, es sin duda la mancha más grande en la historia de la humanidad. Son innegables las atrocidades de los Nazis y los japoneses sobre los judíos y los soldados enemigos capturados respectivamente. No obstante, yo les pregunto ¿creen ustedes que el fin justifica los medios?.

Little boy y Fat man, los dos únicos artefactos nucleares que se han detonado en conflictos bélicos en la historia, fueron creados y detonados por EEUU. La guerra está llena de injusticias, sin embargo, si tienes la suerte de estar en el bando ganador muy poca gente va a querer sacar tus trapos sucios, por eso a día de hoy es más común que la gente critique los crímenes de guerra Nazis que los crímenes de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las atrocidades cometidas por ambos podrían equipararse, quizás no en magnitud, pero sí en crueldad.

En aquella época ambas ciudades eran un excelente blanco para el ataque, gracias a su potente industria e importancia estratégica. Ambas ciudades, pese a estar bajo una estricta dictadura militar, eran conocidas por su comercio y “buen ambiente”. Lo que suele pasar con las ciudades industriales, es que están llenas de fábricas, y éstas están llenas de trabajadores, en su mayoría japoneses, pero también prisioneros de guerra del bando de los aliados, y esto EEUU lo sabía. Se estima que en Hiroshima vivían 381.000 personas, de las cuales 166.000 habían muerto a finales de año. En Nagasaki vivían 120.000 personas de las cuales fallecieron 80.000 también a finales de año.

Se podría decir que los más afortunados son aquellos que se encontraban dentro del alcance de la explosión, puesto que tuvieron una muerte rápida. Un gran número de fallecidos son causa de las secuelas de los rayos gamma, que son generadas en la explosión del aparato. Por si fuera poco, los habitantes de Hiroshima tuvieron que lidiar con una lluvia negra, constituida por cenizas, partículas de uranio y escombros.

Algunos testimonios de supervivientes son los siguientes:

De manera inmediata, sufrieron quemaduras que les arrancaron la piel y los tejidos.

-“Sentí un dolor punzante que se extendió por todo mi cuerpo. Fue como si un balde de agua hirviendo cayera sobre mí y me resquebrajaba la piel”, dijo Shinji Mikamo, sobreviviente de Hiroshima, a la BBC.

La exposición al material radiactivo les causó náuseas, vómitos, sangrado y la caída del pelo.

-“Era tanto el dolor que sentía cuando me curaban, cuando extraían las gasas una por una, que muchas veces quedaba al borde de la inconsciencia”, recuerda Senji Yamaguchi, sobreviviente de Nagasaki.

-“Traté unos 6.000 pacientes, quizás 10.000. Después de eso no quise continuar mi carrera como doctor. Todas las personas que vi murieron, una tras otra. No hubo nadie a quien pudiera salvar”. Shuntaro Hida, Hiroshima.

Desataron un infierno, y no lo digo yo, lo dijo tanto el ministro de defensa Truman como la propia tripulación del Enola gay. A día de hoy el 86% de los japoneses consideran injustificado el ataque nuclear sobre su tierra, además nunca se recibió ninguna compensación por parte de EEUU.

Me gustaría terminar con una frase de un científico alemán llamado Albert Einstein, que refleja a la perfección el peligro de las armas nucleares ‘No sé que armas usaremos en la tercera guerra mundial, pero puedo afirmar que en la cuarta usaremos palos y piedras’.

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