Ángel López Padilla

El amor no es un crimen; si amar fuera un crimen, Dios no habría unido incluso lo divino con el amor. Códex Buranus.

Y es desde la perspectiva de que el amor no es un crimen como deberíamos conocer tanto la realidad como la historia. El estudio de la historia se ha visto condicionado al tradicionalismo y costumbrismo social existente, invisibilizando a mujeres, personas racializadas y oscureciendo gran parte de la vida y sexualidad de hombres célebres de la historia. Este oscurecimiento de la sexualidad de muchos hombres, venía justificado por parte de los historiadores diciendo que no era relevante para la historia, que no se daba esa condición sexual, ya que había aparecido a lo largo del siglo XX, o aludiendo a la anti-naturalidad adjudicada a la homosexualidad. Y es por ello que debemos conocer la historia desde una óptica homosexual.

Boswell, un historiador de renombre, explica la naturalidad de la homosexualidad con su antítesis, la heterosexualidad, ya que para muchos el fin último de una relación sexual es la procreación, pero no es así, este es el desahogo sexual que provoca dicha relación. Con esta premisa naturaliza la homosexualidad, invalidando una de las justificaciones del oscurecimiento de la misma a lo largo de la historia.

Encontramos pruebas de la existencia de la homosexualidad desde los principios de la historia con el primer homosexual, ‘El hombre de los hielos’. Este susodicho falleció de una herida en el costado provocada por una flecha, pero en su boca se encontró semen humano. La rápida justificación por parte de los historiadores fue que el semen era usado por las tribus prehistóricas como ungüento médico, ya que era sustancia generadora de vida, pero ¿y si no fue el caso?, ¿y si el ‘hombre de las nieves’ le hizo una felación a su amante o pareja, y dicha pareja era también varón? He de recordar al lector, que en la prehistoria, en las primeras tribus humanas, cuando la existencia de la misma se encontraba en peligro por su excesivo tamaño, se daban relaciones homosexuales, pues como decía Boswell el fin último de una relación, no era la procreación sino el desahogo sexual y así se evitaba que la tribu creciese.

Pero es que encontramos relaciones homosexuales a lo largo de toda la historia, desde la mitología con Horus y Seth, este mito explicaba la problemática en la sucesión al trono egipcio, ya que ambos pretendientes al trono, Horus como primogénito y Seth como hermano del monarca, lo querían y se enzarzaron en una disputa. Fue tal que un tribunal en Tebas se reunió y obligó a tío y sobrino a firmar la paz. Seth, en alarde a la pacificación invitó a su sobrino a una fiesta en su casa y lo sedujo, acabando esto en una relación sexual entre ambos. Horus se lo contó a la diosa Isis, su madre, y esta con su magia extrajo el semen de Seth de su hijo e introdujo el de este en Seth, volvió a reunirse el tribunal en Tebas y Seth testificó que él era el legítimo soberano ya que había hecho suyo al dios Horus, por lo que se llamó al semen de ambos y como el de Horus se encontraba en Seth, Horus fue declarado rey de Egipto. Llama la atención como la problemática a la sucesión al trono mitológico egipcio se resolviese por quien había penetrado a quien en una relación homosexual incestuosa, pero también encontramos el mito de Zeus y Ganimedes.Todos conocemos el de Orfeo y Eurídice o Perséfone y Hades, pero pocos conocen el de Zeus y Ganimedes. Este último pertenecía a la familia real troyana y era declarado como el mortal más bello del mundo, por lo que el rey de dioses, Zeus, bajo a Troya para verlo y se enamoró de él, y en ese mismo instante se convirtió en águila y lo raptó para que estuviese con él en el Olimpo y fuese su amante y copero de néctar. Por último, en este alarde mitológico homosexual, encontramos a Aquiles y Patroclo. Estos eran los compañeros más aguerridos en combate y más fieles entre ellos, es tanta la lealtad que se tenían, que durante el asedio a Troya, Patroclo falleció y Aquiles se sumió en una gran tristeza, Homero en la Ilíada nos muestra tal pesar que tenía el héroe mítico hacia el fallecimiento de su más “fiel amigo´´:

En otro tiempo, tú infeliz, el más amado de los compañeros, me servías en esta tienda, diligente y solícito, el agradable desayuno […]. Y ahora yaces, atravesado por el bronce, y yo estoy ayuno de comida y de bebida, a pesar de no faltarme, por la soledad que de ti siento. Nada peor me puede ocurrir; ni que supiera que ha muerto mi padre […] ni que falleciera mi hijo amado […]. Antes, el corazón abrigaba en mi pecho la esperanza de que sólo yo perecería en Troya, y de que tú irías en una veloz nave negra a Esciros, recogerías a mi hijo y le mostrarías todos mis bienes…

Pero saltando lo mitológico, podemos encontrar a lo largo de toda la historia celebres hombres homosexuales o bisexuales, Julio César, Octavio Augusto, Adriano, Nerón, Cómodo, etc. muchos emperadores romanos vivieron su sexualidad sin restricción alguna, también era porque la sociedad Romana toleraba y normalizaba la homosexualidad. Es destacable que Octavio Augusto, padre del Derecho clásico que consiguió que el Senado le atribuyese facultades privilegiadas, fue bisexual.

Saltando de la Roma más clásica, podemos ir a la Edad Media, monarcas de la talla de Ricardo Corazón de León, Enrique IV de Castilla o Luis XIII de Francia, podrían haber sido homosexuales y esta faceta de su vida afectó a la historia, por ejemplo Enrique IV de Castilla, hermano de Isabel la Católica, debido al estilo libidinoso de su vida, su hermana consiguió que declarasen a la hija de este, Juana “la Beltraneja´´ como hija ilegítima del monarca y que Isabel pudiese reinar en Castilla, que una de las más grandes monarcas de la Edad Media reinase porque su hermano podría haber sido homosexual es realmente importante para la historia y por ende debe ser estudiado.

Por último me gustaría destacar al Infante Luis de Orleans, primo de Alfonso XIII, este vivió su sexualidad abiertamente, cosechando muchísimas críticas hacia su persona, era bien conocida la afición del Infante por mantener relaciones sexuales en público con gondoleros venecianos, pero lo realmente destacable de su persona, es que durante los años 30, en la Berlín nazi, cuando se producía el preludio de los campos de concentración y el Führer obligaba a judíos, gitanos y homosexuales a marcar su ropa con una estrella de color, él salió a las calles con una estrella rosa, como se marcaban a los homosexuales, en la espalda, generó tal controversia social que un hombre digno del protocolo de un rey marcharse por la calle con tal símbolo, consiguió que la resistencia francesa aguantase dos semanas más, y gracias a esta acción, el Infante se ganó el título de “rey de los maricas´´.

¿Verdaderamente la sexualidad de todos estos hombres no afectó a la historia? Y para responder a esta pregunta me gustaría citar a otro historiador de renombre, Moritz Goldstein, este dice:

Fácilmente podemos reducir nuestros detractores al absurdo y mostrarles que su hostilidad carece de fundamento. Pero, ¿qué prueba esto? Que su odio es real. Una vez superada toda opinión falsa acerca de nosotros, aún quedará, irrefutable, la intolerancia.

Bibliografía: Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad. John Boswell.

Reyes que amaron como reinas: De Julio César al Duque de Windsor. De Fernando Bruquetas de Castro. La esfera de los Libros, Edición 2020.

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